Reflexión Jueves 12 de agosto | 19a. Semana Tiempo Ordinario – Año Impar

FIJAR LA MIRADA EN JESÚS CRUCIFICADO
Reflexión Jueves 12 de agosto

Reflexión Jueves 12 de agosto de 2021
19a. Semana Tiempo Ordinario
Año Impar

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (Cfr. Sal 118, 135)
R/ Aleluya, aleluya.

Señor, mira benignamente a tus siervos y enséñanos a cumplir tus mandamientos. R/.

EVANGELIO

Mateo 18, 21-19,1
No te digo que perdones siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».

Entonces Jesús les dijo:
«El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron, le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda.

El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’. Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán. 
R/. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Para quien ha encontrado a Cristo y en él ha conocido la misericordia del Padre que perdona y renueva la vida, la piedad con los hermanos se convierte en un deber imprescindible: « ¿No debías haber tenido…?». Cuando el corazón del hombre ha conocido los amplios horizontes del verdadero amor, cuando ha descubierto que cada uno de nosotros ha sido pensado y querido desde la eternidad por un designio que le arranca del anonimato y de la desesperación del sinsentido para hacerle cooperador de la salvación universal, inevitablemente se adquiere también una mirada diferente sobre los hombres, reconocidos en Cristo como hermanos. 

El amor tiene una ley propia fundamental: cuando se comparte con los otros, se multiplica; cuando lo retenemos para nosotros mismos, se deteriora en egoísmo. Así como una llamita no se apaga si enciende otras, sino que hace aumentar la luz, así el amor del Señor, propagado, se vuelve un río impetuoso que derriba todas las barreras, supera todo limite en un crescendo de caridad que llega a abarcar toda la humanidad. 

Por el contrario, si el comportamiento esta en abierta contradiccion con la fe profesada, la incoherencia se convierte en un gran obstaculo para la fe de los hermanos. Un cristiano que no sea capaz de perdonar y hasta probablemente conserve en su corazón sentimientos de rencor, no se perjudica solo a si mismo, sino también a los otros a los que escandaliza. En efecto, el encuentro con Cristo no es autentico si no transforma radicalmente las relaciones interpersonales a partir de las que tenemos con las personas que viven a nuestro lado. 

Mantener fija la mirada en Jesús crucificado

No siempre resulta fácil -más aún, en ocasiones puede resultar muy difícil- superar ciertas reacciones interiores frente a los que nos han causado sufrimiento. Para vencer la resistencias instintivas no hay camino más seguro que mantener fija la mirada en Jesús crucificado.

Con excesiva frecuencia olvidamos todo lo que el Señor nos ha perdonado y nos perdona continuamente, mientras que tenemos una memoria optima para cobrarnos el más pequeño desaire recibido. Nuestro «yo» se muestra a menudo un monarca absoluto a quien todos deben honor y reverencia: ¡ay de él si alguien se permite ofender tal majestad! Sucede entonces que, mientras no honramos nunca de manera suficiente a nuestro Señor y Salvador, reclamamos justicia por cualquier nadería.

Solo un amoroso recuerdo del sacrificio de Cristo podrá arrancarnos del pecho ese corazón de piedra y enseñarnos la dulce compasión de Dios. (G. Zevini, Lectio Divina. Verbo Divino (2008), pp. 337-346.)

Reflexión Jueves 12 de agosto de 2021

Fray Nelson Medina, O.P.  
Cuando el Arca de Dios cruzó el río Jordán.
La manera como Dios dispuso que su pueblo cruzara el río Jordán para entrar en la tierra prometida trae bellas imágenes, ante todo, que su gracia nos precede, nos acompaña y luego nos protege.
Para la reflexión personal

¿Cómo podré pagar a Dios todo el bien que me ha hecho? (Cfr. Sal 115, 2), nos podemos preguntar cada día con el Salmista. Y no hallaremos mejor forma que participar cada día con más hondura en la Santa Misa, ofreciendo al Padre el sacrificio del Hijo, al que –a pesar de nuestra poquedad– uniremos nuestra personal oblación: Bendice y acepta, oh Padre, esta ofrenda haciéndola espiritual… (Misal Romano)
Tomado de Hablar con Dios, meditación diaria.

Oración

Señor, cada día te pedimos, con las palabras que tu mismo nos enseñaste, que nos perdones nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Nuestra nuestro bálsamo, medicina diaria, diría san Agustín. Abre Señor nuestro corazón a la acción sanadora de esas heridas escondidas, que rapidamente lo endurecen y nos lleva a herir a nuestro prójimo, negando el perdón y la acogida en nuestro amor. Concedenos rezar siempre el Padre Nuestro, con sinceridad, para llenarnos de tu caridad e ir mas allá de la autojustificación. Amén.


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