Mensajes A La Iglesia Sobre El Misterio De Dios | Tema #4 | Curso de Apologética II – MEC

Mensajes A La Iglesia Sobre El Misterio De Dios

Después que la Iglesia se ha purificado en los capítulos 2 y 3 del apocalipsis, al contacto con la palabra de Cristo, ya está en mejor disposición de escuchar los Mensajes A La Iglesia Sobre El Misterio De Dios que el Espíritu quiere comunicar. Este es el sentido que tiene la parte penitencial de los capítulos 2 y 3 del libro. Ahora vamos a comenzar la parte más extensa del libro, que inicia en el capítulo 4 y termina en capítulo 22, versículo 5. Esta etapa llega casi hasta el final del libro.

Tema #4: Mensajes A La Iglesia Sobre El Misterio De Dios
Natalia y Carlos Roberto Mercado – Encuentro #71, Sede Central
Secretaría de Formación de Agentes de Pastoral Familiar – MEC Sede Central

1. Introducción

Es necesario hacer una pequeña introducción a toda esta parte del libro que es la más extensa y la más difícil de entender. Esta introducción está contenida en los capítulos 4 y 5. A partir del capítulo 4, a esta Iglesia transformada por la palabra de Cristo, el lector le va a ir dirigiendo una serie de visiones, de símbolos, de mensajes que la Iglesia va a ir interpretando. Pero es necesario dejar claro desde el inicio como se entienden en la Apocalíptica estos mensajes a la Iglesia y estos símbolos.

En el capítulo 4 dice: “Te voy a enseñar lo que ha de suceder después” (Cfr. Ap. 4:1), es decir, la iglesia va a recibir todo esto, para que entienda lo que va ocurriendo en la historia. El lector le va a ir proponiendo a la Iglesia una serie de “esquemas” de “moldes” que se repiten una y otra vez a lo largo de todas las épocas históricas. 

La Iglesia va a tener el trabajo de interpretar los mensajes a la Iglesia, esos símbolos y de darles cuerpo. Es como si el lector le proporciona a la Iglesia un molde vacío, un símbolo, y la iglesia va a tener que ir interpretando y lo va a ir rellenando de acontecimientos reales de su tiempo. Por otra parte, el decir, “te voy a mostrar lo que va a suceder después”, no es una especie de horóscopo cristiano. Como si en el apocalipsis va a aparecer todo lo que va a ocurrir:

¿Cuándo se va a acabar el mundo?

Absolutamente el apocalipsis no es para eso.

Los mensajes a la Iglesia, en el apocalipsis, son una visión teologal, una visión de la historia vista desde Dios, para que nosotros logremos ver en nuestra sociedad y en nuestra historia con los ojos de Dios. Para que logremos descifrar el proyecto de Dios, el cual tiene una lógica a lo largo de la historia.

La imagen más sencilla que hemos encontrado es que el apocalipsis es como un par de anteojos que el lector le ofrece a la comunidad para que pueda ver lo que no vería sin ellos. A partir del capítulo 4, el lector va a equipar a la comunidad para que esté preparada a leer el plan de Dios en la historia. No son acontecimientos en forma de crónica como en los periódicos.

Por ejemplo, veremos a partir del capítulo 6, los siguientes mensajes a la Iglesia:
– Los cuatro caballos con sus jinetes
– Siete Trompetas
– Siete ángeles
– El dragón
– Los dos monstruos
– La mujer

No es que el apocalipsis nos está narrando como una especie de novela acerca de lo que ha ocurrido o va a ocurrir, una cosa detrás de la otra, como algunas veces se dice:
¡Ya va a sonar la sexta trompeta!
Esto no es lo que ofrece el apocalipsis. Los mensajes a la Iglesia, son MOLDES, anteojos para ponernos, y el trabajo nuestro va a ser que esos moldes los vayamos llenando de acontecimientos de nuestro tiempo.

En el tiempo del autor del libro, se hizo esto, y la bestia tenía un nombre concreto en tiempos del autor del apocalipsis; pero en nuestro tiempo habrá que identificar, habrá que llenar ese molde, ese símbolo. Esto es lo que va a ocurrir a partir de ahora.

2. Símbolos Fundamentales del Libro.

Son tres los símbolos fundamentales, que encontramos en los mensajes a la Iglesia, con los cuales el autor va a trabajar, :

1- “El que está sentado en el trono” (Cfr. Ap. 4, 2),

Este es el mensaje a la Iglesia, más importante de todo el libro contenido en este símbolo. Sin embargo, para que nos demos cuenta acerca de las lecturas tan equivocadas y desenfocadas que se hacen de este libro, únicamente nos presentan las catástrofes, la bestia, los monstruos, lo terrorífico.

El símbolo más importante del libro está en Ap. 4, 2, “El que está sentado en el trono”, Dios Señor de la historia que reina con poder. Tiene en su mano un libro (Cfr. Ap. 5, 1), más que un libro es un rollo, un pergamino “sellado con siete sellos,” es decir, está completamente cerrado. 

2- El libro sellado.

Ese libro que tiene el que está sentado en el trono es su plan de salvación, es el proyecto de Dios, es eso que San Pablo llama el misterio escondido desde todos los siglos. Es el plan de Dios para cada uno de los hombres y para la humanidad y para la historia. Ese libro nadie lo puede abrir, no hay hombre capaz (Cfr. Ap. 4, 3), en el sentido de que no hay nadie que tenga la fuerza para hacerlo. 

Solamente hay alguien que lo puede hacer, el Cordero.

3- El Cordero.

El cordero es el que abre el libro.

A partir del capítulo 5, el Cordero empieza a abrirnos el libro que tiene en la mano el que está sentado en el Trono. Entre los mensajes a la Iglesia, el mas grande, es que Dios tiene un plan de salvación, que ninguno de nosotros lo puede conocer si Dios no lo revela, y Dios nos lo ha revelado en Jesucristo. 

Solamente Jesucristo tiene el poder para revelarnos el plan de Dios definitivo y total. 

Estos son los tres símbolos fundamentales de esta segunda parte del libro del Apocalipsis:
– El que está sentado en el trono.
– El libro sellado.
– El Cordero que tiene poder para abrirlo.

Toda esta segunda parte es la lectura del libro que el Cordero va a ir mostrándonos a través del lector. Con esta introducción vamos a iniciar el estudio del capítulo 4, en donde el lector se dirige a una comunidad purificada, convertida, dispuesta en su corazón y en su mente a escuchar los Mensajes A La Iglesia Sobre El Misterio De Dios, que el espíritu les quiere comunicar.

3. Visiones Proféticas

A. El Que Está Sentado En El Trono

Comienza el Capítulo 4 diciendo el lector: “Después tuve una visión” (Cfr. Ap. 4, 1), ya se explicó que las visiones en apocalíptica no son visiones, que se puedan captar con los ojos del cuerpo.

Una visión, como mensajes para la Iglesia, para un autor apocalíptico es la síntesis, la conclusión a la que él ha llegado en su experiencia espiritual después de un largo camino de meditación, de oración del Señor, de celebración litúrgica. Ha llegado a unas conclusiones de una experiencia viva, espiritual, personal, a eso le llama él una visión.

Es como si dijera, yo he visto esto, a ver si ustedes pueden ver lo mismo. Yo les comunico mi experiencia de fe, a ver si ustedes son capaces de tener la misma experiencia.

“He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquélla voz que había oído antes, (la voz de Cristo) como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: Sube acá, que te voy a mostrar lo que ha de suceder después. Al instante caí en éxtasis” (es decir, tuve una experiencia espiritual). (Cfr. Ap. 4, 1-2)

La Biblia de Jerusalén pone en el texto, «caí en éxtasis»; pero el texto pone de relieve que fue el Espíritu el que le concedió al lector tener esta experiencia espiritual.

EL CIELO ES EN APOCALÍPTICA
EL MUNDO DE DIOS.

La apocalíptica es muy dualista:
– El cielo es el lugar de Dios
– La tierra es el lugar de los hombres.

Dios está sentado como “Rey eterno”

En el cielo que es una bóveda, Dios está sentado como “Rey eterno” (Cfr. Salmo 29). En ese mundo de Dios, de repente se abre una puerta. Dios va a empezar a revelar algo de sí mismo y de su plan de salvación. Y es Cristo el que invita al lector a que suba y a que contemple lo que Dios le va a mostrar.

Como todos los mensajes a la Iglesia, «subir» no lo debemos entender en el sentido físico, sino ponerse con los ojos de Dios a contemplar aquello, tomar una actitud de fe, no simplemente la actitud con la que nos movemos en la vida sino esa actitud con la que nos situemos frente a Dios. ¡Sube acá! , en una actitud de apertura para contemplar lo que te voy a mostrar.

“Lo que ha de suceder después”,

Es decir el Plan de Dios. No simplemente lo que va a ocurrir, que es lo que muchas veces quisiéramos que nos diera el apocalipsis como hechos históricos: lo que va a pasar, cuando se va a acabar el mundo, si ya sonó tal trompeta, etc., cosas que se oyen en el ambiente de quienes leen y predican con el libro sin conocerlo.

Los mensajes a la Iglesia, que el apocalipsis nos va a mostrar, es el plan de Dios desarrollándose poco a poco en el futuro, en la historia, en medio de fuerzas hostiles o enemigas.

“Vi”, dice el autor, como para decirnos ¡a ver si ustedes son capaces de ver lo mismo! “Un trono”, “Vi que un trono estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono” (Cfr. Ap. 4, 2). 

Démonos cuenta que no dice el nombre, dice “Uno” sentado en el trono. Como si todo el cielo fuera un trono, y no menciona el nombre. El nombre del Señor no se pronuncia, porque pronunciar el nombre es como tomar posesión de la persona. Por lo tanto, el hebreo y en la Biblia, el nombre del Señor no se pronuncia. Pero el autor aquí ya nos da una pista “Uno sentado en el trono”.

A continuación, a ese “Uno” que está sentado en el trono, el autor nos lo va a comenzar a describir.

“Uno que está sentado en el trono”

Ya tenemos el símbolo básico: “Uno que está sentado en el trono”, es decir, alguien que reina con poder, que ejerce su influencia en la historia, está sentado como Rey, como Soberano, como Señor. Ahora nos lo va a empezar a describir en distintos niveles:

“El que estaba sentado era semejante al jaspe y a la cornalina” (Ap. 4, 3).

Aquí lo está describiendo con piedras preciosas. La apocalíptica, así como el libro del apocalipsis utiliza mucho las piedras preciosas con este doble significado, para comunicar mensajes a la Iglesia.

La piedra preciosa es extraña y atrayente:
Una piedra preciosa no se encuentra en cualquier sitio, por eso es apreciada, es atrayente. Así es Dios, como una piedra preciosa, como una perla de gran valor. Dios es atrayente, es fascinante, Dios enamora al hombre, Dios atrae. Pero Dios es también extraño, distinto de todo, diferente de todos nosotros. Por eso el símbolo de la piedra preciosa le calza muy bien a Dios en su misterio único pero atrayente, trascendente y diferente absolutamente del hombre; pero también cercano y amigo.

“Y un arcoíris alrededor del trono”. (Ap. 4:3).

Este Dios que se ha descrito anteriormente está rodeado por un arcoíris. Este es un símbolo Bíblico tomado de Génesis 9, es el “arco” que Dios ha colocado en las nubes para hacer su alianza con la creación. El Dios que se ha comprometido con el mundo, con la naturaleza, después del diluvio, y hace con Noé ese pacto con toda la creación, prometiendo no volver a destruir el mundo. 

Es el Dios amigo, que ha hecho una alianza, no con un pueblo, sino con todo el cosmos, con toda la creación. ¡Este es el Dios del que nos habla el apocalipsis! El Dios creador y amigo de su creación, que la sostiene y la embellece día a día.

Démonos cuenta cuántas mensajes a la Iglesia, hemos encontrado en el libro sobre Dios, y utilizando un lenguaje simbólico.

a-1. Los Veinticuatro Ancianos

Viene a continuación uno de los símbolos más bonitos del libro, y más oscuros también:
“Vi veinticuatro tronos alrededor del trono, y sentados en los tronos, a veinticuatro Ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro sobre sus cabezas.” (Cfr. Ap. 4, 4)

¿Quiénes son estos veinticuatro Ancianos?

Primero necesitamos entender el término “Anciano” y luego el simbolismo del número veinticuatro. “Anciano” es la traducción del término griego Presbiteroi, que no se refiere al “viejito”, sino al líder de la comunidad, el hermano mayor entre los hermanos, el presbítero, es el pastor, el responsable de la comunidad.

Nos dice que son veinticuatro. Este número veinticuatro está compuestos de doce más doce. El doce en el Apocalipsis siempre hace relación al pueblo de Dios: Doce Tribus de Israel, más doce apóstoles del Cordero

De aquí surge el doce (12) como número simbólico de la Iglesia. Al decir doce y doce, veinticuatro, el autor está haciendo referencia a los presbíteros del antiguo pueblo de Dios y del nuevo pueblo de Dios. Esto nos indica que en los veinticuatro ancianos está representado el pueblo de Dios en su totalidad.

Estos veinticuatro, son líderes del pueblo de Dios, responsables de Israel y de la Iglesia.

Estos Ancianos están con “vestiduras blancas”. En el apocalipsis el vestido es símbolo de la personalidad de quien lo lleva, así como en nuestra sociedad actual, vemos a alguien con un traje e inmediatamente identificamos cuál es su trabajo, su función.  Igualmente, en el apocalipsis la vestidura expresa la personalidad.

Aquí dice que tienen vestiduras blancas. Siempre en el apocalipsis el “blanco” significa resurrección. Entonces con vestiduras blancas, nos indica que son personas que se encuentran compartiendo la condición de Cristo resucitado.

Tienen además “coronas de oro sobre sus cabezas”. En apocalipsis la corona es un símbolo que se le da a alguien que ha corrido durante su vida y al final ha conseguido el premio de la salvación. Es el premio que Dios otorga a quien ha sido fiel durante toda su vida, al final tiene “una corona de oro” dada por Dios.

¿Quiénes son estos veinticuatro Presbíteros, resucitados, que han hecho su camino victorioso y han sido salvados por Dios, (coronas de oro en su cabeza)?

Uno de los mensajes a la Iglesia, que encontramos en el libro, dice que están sentados en veinticuatro tronos y ya explicamos que estar sentado en un trono es estar ejerciendo poder. Quiere decir que comparten con Dios la influencia sobre la historia. Ellos de alguna manera, colaboran con Dios influyendo en el desarrollo de la historia de la salvación. También ellos ejercen un cierto poder sobre la historia humana. 

Está el trono de Dios, pero hay también veinticuatro tronos. Estos son aquéllos responsables de Israel y de la Iglesia que ya resucitados siguen colaborando con Dios en el desarrollo de la historia de la salvación. Nosotros diríamos con lenguaje nuestro: ¡son los santos!

Debemos comprender que no son veinticuatro, uno detrás de otro, sino que aquí tenemos ya el primer esquema, un molde vacío que cada comunidad tiene que rellenar ahora con un personaje concreto. Cada comunidad tiene que identificar en esos veinticuatro ancianos a aquellos que han sido responsables, líderes, presbíteros en su comunidad y que ya no están con ellos, pero continúan en cierta manera protegiendo, ejerciendo una acción benéfica en favor de la Iglesia.

A cada comunidad le toca ahora identificar quien está allí entre esos veinticuatro Ancianos. En El Salvador, no dudaríamos en considerar que entre esos veinticuatro Ancianos esté Monseñor Romero para nuestra Iglesia. En base a esto, los Carmelitas tienen una oración: “Santa Madre Teresa de Jesús, ruega por nosotros.” Porque creen que la Santa Madre que inició la familia religiosa de los Carmelitas no se ha desentendido de ella. Entonces Santa Teresa de Jesús ocupa uno de esos lugares. Esto entonces, se refiere a los Santos.

Aquí en el Apocalipsis está manifestado como esos que han sido responsables de la Iglesia continúan en cierta manera ejerciendo un poder, una influencia benefactora en favor del desarrollo de la historia de la Iglesia.

a-2. Los Siete Espíritus De Dios

Continúa la descripción:
“Del trono salen relámpagos y fragor de truenos” (Cfr. Ap. 4, 5). Es el Dios del Éxodo también. No solamente está el Arcoíris del Dios de la Alianza con Noé, sino que también están los símbolos de Éxodo 19. Es un Dios que no solamente es Dios de la creación, sino Dios de un pueblo elegido a quien le ha mostrado su voluntad en el Sinaí.

“Delante del trono (es decir donde Dios ejerce su poder) arden siete antorchas de fuego” (Cfr. Ap. 4, 5). 

El fuego

Aparece aquí un elemento que en la Biblia es importante, como todos los mensajes a la Iglesia, que tiene un peso simbólico grandísimo: el fuego. El fuego es símbolo de Dios en el Antiguo Testamento, sobre todo por las características que tiene este elemento: El fuego, lo que toca lo transforma.
Así es Dios.

El libro del Deuteronomio y el Profeta Isaías le llama a Yahveh “un fuego devorador”, una hoguera ardiente. Moisés al subir al Sinaí se va a encontrar con una Zarza ardiendo que no se consume. Y en Pentecostés, el poder de Dios va a manifestarse en llamas como “lenguas de fuego”.

Estas antorchas ardiendo son siete, es la plenitud del fuego transformador de Dios. Cristo dirá en el Evangelio: “He venido a traer fuego a la tierra y cuanto desearía que estuviera ya ardiendo”. Esas siete antorchas, la plenitud del fuego de Dios, son los siete Espíritus de Dios. Es decir, siete, la plenitud del espíritu de Dios.

La forma que tiene el que está sentado en el trono, de ejercer su poder transformador en la historia, es a través del Espíritu, del fuego que envía sobre la tierra. Es el Dios de la creación, el Dios de la Alianza del Sinaí, es el Dios atrayente y diverso, y además un Dios que está rodeado de esos Presbíteros que comparten con él su acción transformadora de la historia.

a-3. El Mar Delante Del Trono

“Delante del trono, como un mar “(Cfr. Ap. 4, 6). 
Este es otro símbolo importante: el mar en toda la Sagrada Escritura es símbolo del lugar donde habitan las fuerzas enemigas de Dios. Es el lugar del mal. Para el pueblo hebreo que nunca fue un pueblo de marineros, el mar era un misterio. Adentrarse en el mar era meterse en una realidad llena de peligros; por lo tanto, pasó a simbolizar lo desconocido, todo lo que se opone a Dios, lo que destruye al hombre, la sede del mal.

Pongamos atención que aquí el mar aparece “delante del trono como un mar transparente semejante al cristal” (Cfr. Ap. 4, 6).

Es decir, está a los pies del que está sentado en el trono, pero ya transformado, transparente como el cristal. Ya no es el mar aterrador, oscuro, misterioso, sino es un mar que ya parece un cristal transparente. En el capítulo 15 del apocalipsis vamos a ver que ese mar está ya “con llamas de fuego”, y en el capítulo 21 se nos dice, “ya no existe más”.

a-4. Los Cuatro Vivientes

“En medio del trono, y en torno al trono, hay cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás” (Cfr. Ap. 4,6). Aquí viene otro de los símbolos más extraños del libro que vamos a explicar.

“El primer Viviente como un león; el segundo Viviente como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto Viviente es como un águila en vuelo. Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro, y repiten sin descanso día y noche: Santo, Santo, Santo, Señor Dios todopoderoso. Aquél que era, que es y que va a venir.” (Cfr. Ap. 4, 7-8)

¿Quiénes Son Estos Cuatro Vivientes?

Explicaremos como siempre, primero el término y luego el símbolo numérico.

“Vivientes”, traducido en la Biblia de Jerusalén, no es exactamente “viviente”, sino fuerza de vida. Algo vital. El problema de traducirlo como viviente, es que parece que se trata de cuatro seres; pero en realidad el término griego Zoà no tiene la dimensión de “seres” sino de “fuerza de vida”. Entonces 

VIVIENTE SIGNIFICA UNA FUERZA DE VIDA.

Menciona cuatro. El cuatro no solamente está en la Biblia, sino en muchas culturas y en la Biblia concretamente el cuatro es el número del Cosmos. Eso está atestiguado por muchos textos del antiguo testamento. Por ejemplo, cuando Yahveh le dice a Ezequiel en el capítulo 37: “Invoca al espíritu de los cuatro vientos”, está refiriéndose al Cosmos, al Universo. Probablemente esto se deriva también de la idea de los cuatro puntos cardinales.

Entonces, cuatro Vivientes significa, una fuerza de vida que llena el Cosmos, el Universo. Llena los cuatro puntos cardinales. Equivale a ese Espíritu de los cuatro vientos de Ezequiel 37. 

¿Por qué dice que está lleno de ojos por delante y por detrás? 

Delante y detrás es una figura literaria que aparece muchísimo en el idioma hebreo y de donde lo tomaron los escritores del Nuevo Testamento, que se llama meerismo y es, expresar una totalidad mencionando los extremos. Por ejemplo, para decir que Dios creó todo el Universo, se dice: Dios creó el cielo y la tierra; para decir que Dios tiene en su mano todo, se dice: Dios da la vida y la muerte.

Aquí dice: “están llenos de ojos por delante y por detrás”, es decir por todas partes. Se dicen los extremos para expresar una totalidad. 

¿Por qué llenos de ojos? 

El ojo en el apocalipsis es símbolo del Espíritu.  Esta realidad de vida que llena el Cosmos, es una realidad llena del Espíritu. Pudiéramos decir, que es el mismo Espíritu de Dios llenando el Universo.

Luego viene una descripción que dice: (Cfr. Ap. 4:7)
– El primer Viviente es como un león,
– El segundo Viviente es como un novillo,
– El tercer Viviente tiene un rostro como de hombre
– el cuarto Viviente es como un águila.

No los está identificando, sino que está simplemente indicando que estas fuerzas de vida adquieren en la Naturaleza, en el Cosmos, en el Universo, distintas expresiones.

En el siglo tercero, de esta descripción del apocalipsis: del León, del Novillo, del rostro de hombre, del águila, surgió una interpretación que ha sido muy popular, ya que se han identificado allí a los cuatro evangelistas. Pero esta es una interpretación muy posterior al apocalipsis. El autor no está hablando aquí de los cuatro evangelistas, sino de esa fuerza de vida que adquiere en la creación, distintas formas. 

Esta fuerza de vida que llena el Cosmos, tiene una doble función:

– Es un dinamismo que parte de Dios (está en el trono y en medio del trono) hacia la historia de los hombres. Adquiere forma de león, de novillo, de rostro humano, de águila, etc.
– Y luego cuando ha tocado la historia humana, parte de nuevo hacia Dios, y repiten día y noche, Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios Todopoderoso.

Es importante para entender el símbolo de los cuatro vivientes, ver que es una fuerza vital, un dinamismo que:
a) parte del trono
b) toca la historia de los hombres, y
c) vuelve a Dios.

Es como si Dios mismo entra en contacto con el hombre, y esa misma fuerza de vida vuelve a Dios. Es lo que nosotros llamamos la gracia de Dios. Esa manifestación del amor de Dios, de su cercanía a los hombres, que llena la creación por la fuerza del espíritu y vuelve hacia él. Eso es el simbolismo de los cuatro vivientes.

El capítulo 4 termina con una liturgia, porque es interesante cómo estos cuatro vivientes empiezan en el trono de Dios, adquieren rostros de figuras de la naturaleza cósmica y luego aparecen en adoración a Dios. Incluso como los Serafines de Isaías con seis alas delante del misterio Santo de Dios. Es un dinamismo que va y viene, que viene de Dios y vuelve a Él.

Es bellísima la descripción que el apocalipsis hace de Dios, en sus mensajes a la Iglesia. Porque describirlo como el que está sentado en el Trono, pareciera ser un Dios demasiado pasivo, aun cuando el símbolo indica que está ejerciendo poder. Por eso es que termina el capítulo 4 con este otro símbolo: Un Dios que se vuelca sobre la historia como vida, como poder en el Espíritu, transformando y haciendo que los hombres con esa fuerza vuelvan a Él. 

Una descripción del Misterio de Dios

El capítulo 4 del apocalipsis es todo una descripción del Misterio de Dios. propio para leerlo despacio una y otra vez, saboreándolo, dejando que en nuestro corazón vayan entrando todas estas imágenes, porque no hay palabra para poder expresar a Dios. Entonces los símbolos son los que nos pueden acercar a ese misterio fascinante, bellísimo de Dios. 

Termina el capítulo 4 con una liturgia:
«Cada vez que los Vivientes dan Gloria, Honor y Acción de Gracias al que está sentado en el Trono y vive por los Siglos de los Siglos, los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas delante del trono diciendo: Eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; por tu voluntad, no existía y fue creado.» (Cfr. Ap. 4, 9-11).

El capítulo 4 termina con una liturgia de alabanza en el cielo al Dios de la creación. Recordemos que el lector le está hablando a la comunidad, y la comunidad también celebra la liturgia cada semana el día domingo. Aquí se siente también ella identificada con esta liturgia del cielo.

En el capítulo 5 continúa el lector narrando:

B. El Libro Completamente Sellado.

«Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro (es decir un rollo), escrito por el anverso y el reverso.» (Cfr. Ap. 5, 1)

De nuevo vuelve a aparecer la figura literaria que se llama meerismo. Aquí anverso y reverso, de nuevo aparecen los extremos para referirse a la totalidad del libro. Significa que es un libro escrito totalmente, no tiene vacíos el plan de Dios. El plan de Dios tiene una lógica interna, nada se le escapa de la mano al Señor. 

A veces cuando encontramos vacíos en nuestra vida, como si Dios desapareciera, como si la historia se le va de las manos, como si quedáramos solos, el apocalipsis nos dice ¡No!, el plan de Dios no tiene vacíos. Nada se le escapa, el libro está lleno por todas partes. Así es el plan de Dios. Pero este libro, este rollo, este plan está sellado con siete sellos, o sea totalmente cerrado, nadie lo puede conocer.

“Y vi a un ángel poderoso que proclamaba con fuerte voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y soltar sus sellos?

Quien es digno, aquí no significa dignidad, sino quien es capaz, quien tiene el poder, la fuerza para hacerlo, abrir el libro y quitarle las amarrar y poderlo leer y poder ver que es lo que Dios quiere del mundo, descubrir su Palabra, su voluntad, su proyecto.

¿Quién puede revelárnoslo?

Es la angustia que todos deberíamos experimentar en un momento concreto si pensáramos que Dios no nos quisiera hablar. Si Dios no nos quisiera revelar quién es, ¿Cómo podríamos conocerlo? No tenemos la capacidad para conocer su proyecto de salvación. Entonces, ¿quién es digno de abrir el libro y soltar sus amarras y sellos?

“Pero nadie era capaz, ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra de abrir el libro ni de leerlo. Y yo lloraba mucho porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro ni de leerlo. Pero uno de los Ancianos me dijo: No llores; mira, ha triunfado el león de la Tribu de Judá, el Retoño de David; él podrá abrir el libro y sus siete sellos.” (Ap. 5:5)

Y a continuación viene el final del capítulo que termina con otra liturgia en el cielo.

C. El Cordero.

«Entonces vi de pie, en medio del trono», es decir, del Dios Señor Todopoderoso «y de los cuatro Vivientes», es decir de ese Espíritu de vida que se vuelca sobre los hombres. En medio del misterio del Padre y del Espíritu surge el Cordero de pie, resucitado; pero degollado, lleva la marca de su crucifixión, de su muerte violenta.

Es Cristo muerto y resucitado, que tiene siete cuernos, la plenitud del poder Mesiánico, con siete ojos que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. O sea, la totalidad del Espíritu. Cristo, Señor, Cordero que por su muerte y su resurrección se ha convertido en el Mesías, es el que posee el Espíritu, es el único que puede abrir el libro. 

Y a continuación viene la liturgia:
Se acerca, «toma el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono» (Cfr. Ap. 5, 7).

Esta figura es la que el lector o autor ha visto todos los domingos cuando el lector sale de la asamblea y pasa al ambón y toma el libro y proclama la palabra y todos aclamamos cuando se ha proclamado el evangelio. 

De allí es que él ha empezado a describir la liturgia del cielo. El lector no ha estado en el cielo. Todo esto lo ha tomado del lenguaje de la comunidad; pero le está enseñando a la comunidad algo muy importante: Que lo que ella realiza, se realiza con plenitud en el mundo de Dios, trascendente.

«todos entonan un cántico nuevo» (Cfr. Ap. 5, 9),

Toma el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. 
«Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.» (Cfr. Ap. 5, 8). Ahora no explicaremos este símbolo porque se hará en detalle más adelante.

Y en ese momento todos entonan un cántico nuevo (Cfr. Ap. 5, 9), como hacemos nosotros el domingo. Cantamos el Aleluya, nos ponemos de pie, ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti Señor Jesús! Se canta de pie, se besa el libro, se responde con una alabanza. Porque cada domingo el Cordero nos abre el libro. 

Esto que el Apocalipsis nos está narrando aquí, es lo que ocurre cada domingo en la Eucaristía. 

La Iglesia en el Concilio Vaticano II nos ha recordado que cada vez que se proclama la palabra de Dios en la liturgia, es el mismo Cristo el que habla a su iglesia.

«Y entonan un cántico nuevo» (Cfr. Ap. 5, 9). Cántico nuevo no es en el sentido de un canto que no se ha cantado nunca y ahora vamos a hacer el estreno, no. «Cántico nuevo» significa un cántico que tiene una nueva motivación. Es la alabanza de Dios, eterna, desde siempre. 

La misma alabanza que el hombre le ha tributado a Dios, pero ahora es nueva porque hay un motivo nuevo: Cristo el Señor resucitado va a proclamarle a la comunidad el misterio de Dios. En ese momento empieza el cántico en honor del Cordero, alabanza que se prolonga en los siguientes versículos hasta el final del capítulo 5 del apocalipsis.


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